La historia de las impresoras 3D

La historia de las impresoras 3d

Ha pasado mucho tiempo desde que se empezaron a construir los cimientos de las impresoras 3D, ya que sus inicios se datan en 1980. Parece una locura pensar que una simple máquina sea capaz de crear un objeto desde cero, sin necesidad de pasar por varias máquinas industriales.

La historia de las impresoras 3D es más interesante de lo que se piensa. Por ello, hemos querido acercaros a sus inicios, como a su presente a través de este artículo.

Sus inicios: 1981

Todo comienza en Japón, con Hideo Kodama un diseñador de automóviles. A través del Instituto de Investigación industrial del Municipio de Nagoya, Hideo publicó su noticia sobre un sistema funcional de prototipado rápido en el que usaba fotopolímeros. En otras palabras, se trataba de un modelo imprimido que fue construido por capas, las cuales correspondían a cada parte del modelo global.

Más tarde, aparecería Charles Hull tras inventar la estereolitografía, la cual permitía crear modelos 3D usando datos digitales que servían para crear un objeto. Aquí se golpeaba un liquido fotopolímero con rayos ultravioleta. En este momento, ya se empezaba a avanzar en este invento, ya que las bases científicas estaban sentadas, aunque todos eran prototipos.

1992, la máquina esterolitográfica

3D Systems, empresa de Charles Hull, crearía la primera máquina esterolitográfica, con la que se podía fabricar partes complejas, capa a paca en un tiempo razonable. En ese año, DTM fabricaría la primera sintetizadora laser, la cual usaba laser con polvo, esquivando el líquido, como pasaba antes.

De todos modos, todo estaba demasiado verde, las máquinas eran carísimas y su potencial era increíble, pero inasumible. Se trataba de una época que no estaba preparada para la llegada de este producto, debido a que faltaban infraestructuras todavía.

La etapa de crecimiento

La etapa de crecimiento llegaría a finales del siglo XX y comienzos del XXI, ya que se imprimiría el primer órgano para humanos, el cual fue implantado con éxito. Los científicos del instituto de medicina regenerativa de Wake Forest imprimieron una vejiga sintética cubierta de células de humanos. Nos encontraríamos en una etapa plagada de éxitos para las impresoras 3D.

Entrados en los 2000, se produjo un movimiento científico explorador acerca de las posibilidades que ofrecía este sistema, fabricando riñones, prótesis de piernas complejas, vasos sanguíneos, etc. El sector de la salud fue tremendamente beneficiado por esta tecnología.

Esto sólo acababa de empezar porque Adrian Bowyer lanzó una iniciativa para crear una impresora 3D capaz de imprimirse a sí misma, lo cual parecía una locura, pero tenía una finalidad clara: replicar impresoras y establecer un proceso productivo. Ahora, cualquier persona se planteaba qué podían crear que fuese verdaderamente útil para la sociedad.

La primera SLS se empezaría a comercializar en 2006, lo que supondría un salto sin paracaídas para la historia de las impresoras 3D. En este instante, el reto era involucrar más materiales de fabricación para ofrecer materiales con distintas propiedades.

Sin duda, esta etapa estuvo plagada de innovaciones marcadas por el nacimiento de startups, empresas tecnológicas y proyectos muy interesantes como MakerBot, Shapeways, Stratasys, etc., de los que se acuerdan los expertos del sector.

Para terminar esta década, Makerbot daría el golpe en la mesa a través de la producción de kits de código libre para que los consumidores pudieran construir sus propias impresoras 3D. Se configuraba un mercado sin barreras comerciales, ni patentes que bloquearan la evolución.

Imprimir es el presente

Nos situamos desde 2011 hasta el día de hoy y nos sorprende cuanto puede cambiar el panorama en tan sólo 8 años. Uno de los grandes inconvenientes de estas máquinas, era su precio, el cual ha ido bajando progresivamente durante los últimos años. De hecho, hoy, podemos encontrar hasta ofertas de impresoras 3D en páginas de afiliados, como si se tratara de smartphones.

Con los precios por los suelos, la precisión mejorada y los desarrolladores empujaban, las impresoras 3D daban un último paso: crear objetos con metales preciosos, como el oro o la plata. Una empresa llamada Urbee logró construir un coche con una impresora 3D, el cual alcanzó 200 millas por hora ¿No es una hazaña?

Ahora, se están empezando a utilizar estas máquinas para fabricar casas de forma asequible y ecológica. Es impresionante cómo éstas prestan atención a los detalles de las partículas de los materiales. Se ha llegado a un punto en el que se puede construir lo que se quiera: brazos robot inteligentes, reemplazos de huesos, dientes… de todo.

Podemos afirmar que las impresoras 3D han conquistado el mundo, como han sido un hito en la historia de la tecnología, eliminando barreras que siempre han existido. En el futuro, los niños tendrán estas impresoras como algo lógico y normal, lo que ahora asusta.

No obstante, a mi forma de ver las cosas, queda una etapa de maduración de estas impresoras bastante larga, ya que han llegado al mercado antes de tiempo. Dentro de unos años, se asentarán correctamente porque contaran con los medios que hoy no cuentan.

Hoy, podemos encontrar una impresora 3D por 200€, pero estoy seguro de que seguirá bajando el precio, algo que puede provocar un descubrimiento importante porque lo hace mucho más accesible.

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